Análisis Horizon Forbidden West

Análisis Horizon Forbidden West

Análisis Horizon Forbidden West (PS5) sin spoilers

En el primer Horizon me pasó con Aloy lo que les pasó a muchos con Jin de Ghost of Tsushima: No conectamos. Una historia interesante, personajes más que notables y un despliegue técnico espectacular no fueron suficientes para que, después de terminar el juego, siguiese explorando como es habitual en mí en los mundos abiertos. Pues con Horizon Forbidden West, no es lo que está pasando y es una muy buena noticia.

Horizon Forbidden West arranca seis meses después de los sucesos de Horizon Zero Dawn. Aloy, enfrentada a una nueva amenaza para el planeta, deja atrás a sus amigos y se dirige al oeste en busca de las pistas que necesita para salvar el mundo. Y ese viaje al Oeste, ese contexto, me lo cambió todo. Eso y la evolución de Aloy. No sólo transmite mucho más en lo emocional, también el control y las posibilidades del personaje han mejorado sustancialmente. Ahora estamos en un mundo mucho más vertical, pero también con más posibilidades de personalizar tu estilo de combate, especialmente el cuerpo a cuerpo. Lo podremos explorar gracias a unas interesantes arenas de combate que nos hacen de tutorial, pero que también suponen un reto y durante el juego.

Horizon Forbidden West empieza muy bien, ágil, con la el tinte de gravedad que tiñe la historia, pero con la sobredosis de información que en la primera entrega era abrumadora, ahora está mucho más controlada, siendo incluso opcional en muchas ocasiones. A pesar de todo aún nos encontramos con momentos en los que los diálogos son terriblemente largos.

Sabemos que Guerrilla ha hecho un trabajo excepcional en la creación de la historia, que puede gustar más o menos, pero claramente los amantes de la documentación y los detalles se van a poner las botas. Lo bueno es que si te gusta ir un poco al grano, puedes recuperar la info más adelante o incluso omitirla. Si hay algo muy relevante Aloy se encarga de avisarte. Este es otro punto un poco polémico. Aloy habla bastante y nos guía, a veces demasiado. ¿Estamos hablando de accesibilidad? Si es así fantástico, pero debería existir la opción de reducir estos constantes avisos por voz. Eso pasa con puzzles y todo tipo de situaciones. Algo similar a lo que pasó con Biomutant, pero, ojo, en un grado mucho menor.

Porqué opciones tenemos a patadas. Horizon permite personalizar muchísimo la experiencia de juego además de tener varios niveles de dificultad. Podríamos decir que es un poco el némesis de Elden Ring. Todos aquellos que hayan probado la última e exigente obra de Miyazaki y no se sientan a gusto tienen las puertas de Horizon completamente abiertas. Y es que la aventura de Aloy está mucho más cerca a lo que nos ofrece Ubisoft con sus últimos Assassin’s Creed. Una inferface muy cuidada y una curva de aprendizaje trabajada. Toda esta solidez es importante especialmente cuando ya cruzamos hacia el oeste.

Es aquí donde esta secuela crece notablemente versus la primera entrega. El Oeste de Aloy es un entorno hostil, pero al mismo tiempo cálido con unos personajes (tanto aliados como enemigos) muy bien esculpidos y con un magnetismo relevante. Se nota el uso de actores profesionales para la mayoría de ellos. Y, al final, Aloy es el pegamento que une dos mundos, diferentes facciones y personajes tan dispares como Kotallo o Erend. Por eso la ‘reencarnación’ de Elisabet Sobeck tiene que ser un poco plana, con el objetivo de elevar al mundo que la rodea y los personajes que lo habitan.

Lo más divertido de Aloy es su control, sus inmensas posibilidades en combate y las novedades que han incluido. Como hemos avanzado, escalar ahora es muy importante. Pero también es muy útil y divertido planear. Estamos hablando de un mundo grande y es imperativo encontrar la manera de desplazarte rápido para no perder fluidez.

Mención especial para los puzzles o acertijos que nos exigen ‘plataformear’ un buen rato. Es algo que a mí, en general, me genera una pereza enorme, pero en Horizon me han motivado tremendamente. En buena parte por la incorporación del garfio. Con el garfio puedes mover objetos y escalar más ágilmente al más puro estilo Batman. Y eso hace que el reto no sea frustrante pero sí divertido.

Y si hablamos de motivación, el impresionante despliegue técnico que exhibe Horizon Forbidden West nos hace querer saber más sobre el bello e inhóspito mundo por el que tenemos que sobrevivir. Como es habitual hay dos modos. Uno con más fidelidad gráfico y otro que apunta al rendimiento y a la fluidez. Los dos son fantásticos. En mi caso he optado por el primero. El nivel de detalle es abrumador. Desde la expresiones faciales hasta la representación del agua. No tanto el cabello del Aloy, me parece un poco forzado.

Ah, ahora Aloy puede bucear y, claro, tenemos acción submarina. Creo que está muy bien representada pero le corta fluidez al juego. También os tengo que decir que esas situaciones nunca me han gustado desde las insufribles fases acuáticas del primer Sonic de Mega Drive…

Para ir terminando, la historia mejora sustancialmente la de la primera entrega, es interesante, pero no es lo mejor de este excelente título. Especialmente por unos giros finales un poco exagerados e innecesarios, al menos desde mi punto de vista. Lo mejor es el entorno, algo vital para un mundo abierto. Horizon Forbidden West anima a investigar, cabalgar nuevas máquinas, escalar, ayudar a personas en el camino… Nada que ver con su precuela. Es algo que a mi encanta hacer y si un mundo abierto no me motiva ha hacerlo es que algo no funciona.

En definitiva, estamos ante un excelente título, no una obra maestra. Difícil que se alce con el GOTY, pero las horas de diversión que os brindará son impagables.

Horizon Forbidden West

69,99€
9.3

Gráficos

9.5/10

Jugabilidad

9.0/10

Sonido

9.0/10

Duración

9.5/10

The Fangamer Author

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